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Flora de Nicaragua

Introducción - Vegetación | Contenido

Por W. D. Stevens

 

 
 

El análisis detallado de la vegetación, usando la metodología apropiada, sólo ha comenzado y está fuera del alcance de esta Flora. Uno de los desafíos en describir la vegetación es que relativamente poco queda en su estado natural y el estado natural, a su vez, está en constante transición. Más aún, la vegetación se puede describir de muchas maneras. Algunos sistemas están basados estrictamente en factores climáticos y llegan a conclusiones de cómo la vegetación clímax debería de ser en un tiempo dado. En el otro extremo, la vegetación puede caracteri­zarse por los detalles fisionómicos, la altura y el número de estratos, la densidad, la frecuencia de bejucos, la proporción de especies caducifolias, etc. La vegeta­ción también se puede describir por las especies que la constituyen. Las descripciones breves e informales que se presentan a continuación no corres­ponden a ninguna de las anteriores, pero permitirán reconocer y hacer diferen­cias generales dentro del mosaico de vegetación que queda en el país y com­prender la información acerca de su distribución contenida en la Flora misma.

En términos generales, Centroamérica fue más fría y seca durante el Pleistoceno. Las sabanas, los bosques de pino-encinos y los bosques secos proba­blemente predominaban en Nicaragua. Después del Pleistoceno, el clima se volvió más húmedo y caliente y los bosques siempreverdes y semi-siempreverdes habrían dominado la vegetación. Con la llegada del hombre, y a medida que la población creció y la agricultura se volvió importante, grandes áreas de la vertiente del Pacífico fueron deforestadas, en particular en la Meseta de los Pueblos, y como consecuencia el clima probable­mente se volvió más seco. La vegetación del Pacífico se recuperó en forma signifi­cativa­ cuando la población colapsó luego de la llegada de los europeos, aunque la regeneración pudo estar influenciada por la preponderancia de árboles frutales comestibles y otras plantas útiles como fuentes de semillas. Más recientemente, en especial durante el siglo XX, el área del Pacífico ha sido nuevamente deforestada casi por completo y se ha vuelto dramáti­camente más seca. Obviamente, la fauna también ha sufrido trastornos con estos cambios, trayendo consi­go una serie de impactos en la evolución de la vegetación. De particular im­portancia en este aspec­to son los anima­les grandes, dispersadores de semillas de muchos árboles y a la vez, los más afectados por las poblaciones humanas. Los rema­nentes de vegetación reflejan esta historia. Por ejemplo, es probablemente cierto que muchos de los árboles dominantes del bosque, aquellos individuos vivos que fácilmente existían antes de la deforestación moderna, no se estén reproduciendo en forma efectiva, ya sea porque el clima actual es muy seco para el establecimiento de los semilleros, o porque los semilleros mueren debido a las quemas más frecuen­tes, o por el pastoreo del ganado, o porque los animales dis­per­sadores de las semillas ya no existen en un número suficiente. Probablemente también es cierto que los árboles con frutos comestibles, o los que son de otra manera útiles para el hombre, están excesivamente representados en la vegetación porque se ha incen­tivado una dispersión activa. La vegetación en las zonas más altas y en la mitad oriental del país probablemente sufrió un impacto menor hasta finales del siglo XX, pero en los tiempos más recientes estas áreas han sufrido una vasta deforestación u otros tipos de alteración.

La Zona Norcentral se ha definido, para los fines de esta Flora, como el área general sobre los 600 m sobre el nivel del mar, comprendiendo más o menos desde Santo Tomás del Norte (Chinandega) hacia el sureste hasta La Libertad (Chontales.) y hacia el norte hasta Plis (Jinotega). Esta área incluye elevaciones que bajan hasta casi los 300 m sobre el nivel del mar a lo largo de las cuencas de los ríos grandes. El pico más alto es el Cerro Mogotón (2,107 m) en la frontera con Honduras y el pico más alto comple­tamente situado dentro del país, es el Cerro Kilambé (1,750 m). La precipitación anual varía desde los 600 mm en los valles secos interiores, especialmente en los alrededores de Sébaco (Matagalpa) y Condega (Estelí), hasta casi los 2,400 mm en las vertientes atlánticas de las montañas más altas. La Zona Pacífica se encuentra al oeste de la Zona Norcentral y en línea directamente hacia el sur desde La Libertad hasta la frontera con Costa Rica. Esta área incluye las tierras bajas del Pacífico y los volcanes recientes, siendo el más alto el Volcán San Cristóbal (1,745 m). La precipitación varía desde unos 900 mm al este del Lago de Managua (Managua) hasta unos 1,800 mm en la Isla de Ometepe (Rivas) y el área alre­dedor de Chichigalpa (Chinandega). La Zona Atlán­tica se encuentra al este de las Zonas Pacífica y Norcentral, e incluye toda la vertiente atlántica y algunos picos aislados de hasta 700 m sobre el nivel del mar. La pre­cipitación varía desde unos 1,700 mm alrededor de San Miguelito (Río San Juan) hasta unos 6,000 mm en San Juan del Norte (Río San Juan), obviamente con una fuerte gradiente este-oeste.

Pluvioselva

La pluvioselva está restringida a la esquina suroriental del país e incluye la parte oriental de Río San Juan y de Zelaya. Se caracteriza por la precipitación alta (4,000–6,000 mm), esencialmente sin estación seca (ningún mes recibe menos de 200 mm). La elevación se encuentra mayormente bajo los 100 m sobre el nivel del mar pero algunos picos aislados alcanzan los 300 m. En este bosque alto siempreverde a menudo se encuentran cuatro doseles, bejucos y  epífitas tanto herbáceos como leñosos son abundantes. Este es el tipo de vegetación taxonó­micamente más diverso de Nicaragua y ninguna especie individual es la más dominante en el bosque inalterado. Algunas especies de árboles grandes son Andira inermis (almendro de río), Carapa guianensis (cedro macho), Dialium guianense (comenegro), Dipteryx oleifera (almendro), Laetia procera (plo­mo), Tabebuia guayacan (cortés), Virola koschnyi (banak colorado) y Vochysia guatemalensis (palo de agua). Las Rubiaceae y Melastomataceae son abun­dantes en el sotobosque pero nuevamente la diver­sidad es muy alta y no hay especies dominantes.

Bosque muy húmedo

No existe un límite marcado entre la pluvioselva y el bosque muy húmedo en la Zona Atlántica y entre el bosque muy húmedo, el bosque nublado y el bos­que seco en otros sitios del país, y muchas especies se comparten. El bosque muy húmedo es la vegetación nativa de la vertiente del Atlántico excepto donde está reemplazado por pluvioselva o sabana. También se encuentra en las partes más húmedas de la Zona Pacífica, par­ticularmente en la Sierra de Managua y en las vertientes del Volcán Mombacho y Volcán Maderas, y es reemplazado por el bosque nublado en las zonas más elevadas. La precipitación está comprendida entre los 2,000 y 4,000 mm con una estación seca pronunciada de dos a cuatro meses. La elevación varía desde el nivel del mar hasta 800 m. El bosque es principalmente siem­pre­verde aunque algunos árboles grandes son breve­mente caducifolios. El bosque maduro general­mente tiene tres doseles y abundan tanto los bejucos como las epífitas. La diversidad es relativamente alta y rara vez se encuen­tra una especie de árbol dominante. Entre los árboles grandes conspicuos se encuen­­­tran Brosimum alicas­trum (ojoche), Cedrela odorata (cedro real), Ceiba pentandra (ceiba), Guarea grandifolia (pronto alivio), Sciadodendron excelsum (lagarto), Side­roxylon capiri ssp. tem­pisque (tempis­que) y Spondias mombin (jocote jobo).

Bosque nublado o nebliselva

El bosque nublado o nebliselva se encuentra en elevaciones superiores a las del bosque muy húmedo u ocasionalmente, en la Zona Norcentral, en alturas mayores que el bosque de pino-encino. Su distri­bución comienza por encima de los 600 metros sobre el nivel del mar y en las partes más altas está con frecuencia reemplazado por el bosque enano. Hay una época seca marcada, pero como el nombre implica, estos bosques están a menudo cubiertos de una capa de nubes que ayuda a mantener una rica diversidad de epífitas. Quercus (roble-encino) y muchas especies de Lauraceae son árboles grandes frecuentes pero hay muchas especies asociadas. Flacour­tiaceae, Hamame­lidaceae, Juglandaceae, Sabiaceae y Symplo­caceae están bien representadas en la Zona Norcentral, mientras que Fabaceae, Meliaceae, Moraceae y Sapindaceae son comunes más hacia el sur. La mayoría de esta vegetación, excepto en las partes más remotas de Jinotega, ha sido convertida en cafetales.

Bosque enano

El bosque enano forma parte del bosque nublado que se encuentra en los picos más expuestos y en las cumbres de las montañas más altas, principalmente sobre los 800 m sobre el nivel del mar. El viento fuerte y casi constante, la humedad alta, las laderas inestables y las tormentas frecuentes producen una vegetación arbustiva densa y enmarañada cubierta de briófitos. Las especies son básicamente las mismas que las que se encuentran en el bosque nublado contiguo, pero más pequeñas y más densamente ramificadas. A menudo Clusia es dominante, pero Hedyosmum, Miconia, Myrsine y Viburnum también son frecuentes. Las epífitas son comunes entre los briófitos, especialmente Bromeliaceae y Orchida­ceae.

Sabana de pino

La sabana de pino se encuentra en forma de parches dispersos, a menudo extensos, a lo largo de la costa del Atlántico, desde la Laguna de Perlas en el sur hasta Honduras en el norte. Los parches están atrave­sados por bosque de galería e irregularmente se entremez­clan con bosque húmedo siempreverde. La precipitación varía desde unos 2,500 a 3,500 mm y los suelos son extremadamente pobres, en su mayoría varían desde arena hasta grava. Las quemas son frecuentes y son un aspecto predominante de la ecología. El árbol dominante es Pinus caribaea var. hondurensis (pino), que puede formar manchas densas, pero por lo general están espaciados y a menudo se encuentran grandes exten­siones sin un solo árbol en los suelos más pobres y frecuentemente inundados. Las plantas leño­sas asociadas más comunes son Byrsonima crassi­folia (nancite) y Curatella americana (hoja­chigüe), que generalmente se encuentran en forma de arbustos bajos. Las extensiones abiertas en los suelos más pobres están dominadas por Cyperaceae, espe­cial­mente de los géneros Bulbostylis, Fimbristy­lis, Rhyn­chospora y Scleria. Estas extensiones están rodeadas por un cinturón de suelos hasta cierto punto mejor drenados y más arenosos, con pinos y herbá­ceas entre las que predominan las Poaceae. Los márgenes externos de este cinturón tienen una zona de transición hacia bosque siempreverde que está domi­nada por arbustos de Rubiaceae y Melastoma­taceae. Islas de bosques siempreverdes, con las mismas zonas de transición, a menudo se encuentran dentro de las grandes extensiones de sabana.

Bosque de pino y de pino-encino

El bosque de pino de las tierras altas de Nicaragua está restringido a la Zona Norcentral, desde el Departamento de Matagalpa hacia el norte, con excepción de rodales pequeños en los volcanes septentrionales de la Zona Pacífica. La mayor parte de rodales de pinos (Pinus maximinoi, P. oocarpa y P. tecunumanii) se encuentran en los suelos ácidos bien drenados derivados de granito y esquistos, y son menos comunes en suelos volcánicos. La precipita­ción varía desde unos 1,000 a 2,500 mm y la elevación es por lo general sobre los 650 m. Este tipo de vegetación está fuertemente aso­ciado con las actividades humanas, especialmente el fuego, y gene­ral­mente se considera como un estadio de sucesión que, en la ausencia de fuego, podría volver a conver­tirse en bosque macrofilo. Estos bosques se encuen­tran generalmente en las laderas altas y medias pero a menudo son reempla­zados por bosques siem­preverdes en las cumbres y en los valles. Los árboles más comunes asociados a este tipo de vegetación son especies de Quercus (roble-encino) pero en ocasiones se encuen­tran árboles de Arbutus xalapensis (guaya­villo), Acacia pennatula (carbón) y muchas otras especies. La vegetación herbácea es rica y diversa, pero está dominada por Poaceae, Cypera­ceae y Fabaceae.

Bosque seco

Antes de la llegada del hombre este tipo de vegetación fue abundante en la Zona Pacífica pero en la actualidad se encuentra dramáticamente alterado. Hace miles de años la mayor parte del área con esta vegetación fue probablemente transformada para la agri­cultura, y sustentó a una población amerindia gran­de en la época de la conquista española. Con el colapso de la población después de la conquista, la vegetación probablemente se recuperó de cierta for­ma, pero a medida de que la población volvió a aumentar gradualmente, especialmente en los últimos 50 años, la mayoría de los bosques fueron nueva­mente talados para dar paso a los cultivos. Se estima que menos de un 1% de ese tipo de vegetación per­siste y de esto, prácticamente nada se encuentra en estado natural.

Este bosque, mayormente de 20 a 25 m de alto, tiene un solo dosel bajo, los bejucos son poco comunes y de diversidad limitada, las epífitas son comunes pero de diversidad baja. Entre los árboles grandes y conspicuos se encuentran Astronium gra­veolens (ron­ron), Bursera simaruba (jiñocuabo), Caly­co­phyllum candidissimum (madroño), Ceiba pentandra (ceiba), Gyrocarpus americanus (talalate), Luehea candida (guácimo molenillo) y Maclura tinctoria (mora). Cuando el agua subterránea es alcanzable, Albizia saman (genízaro), Cassia grandis (carao), Ente­rolo­bium cyclocarpum (guana­caste) e Hymenaea courbaril (guapinol) se vuelven más cons­picuos. Combretum farinosum (papamiel) es un beju­co común y Bra­ssavola nodosa (huele noche) y Tillandsia schiedeana son epífitas comunes.

Sabana de jícaro

La sabana de jícaro es parte del bosque seco, y se encuentra típicamente en suelos rocosos poco profundos y sujetos a quemas regulares. Este tipo de vegetación es más común a lo largo de la costa del Pacífico pero también se lo puede encontrar en las áreas más secas de las zonas bajas de la Zona Norcentral. Las plantas dominantes son los pastos, por ejemplo Aristida ternipes, Bouteloua alamosana y Oplismenus burmannii var. nudicaulis, y otras plantas herbáceas como por ejemplo Ayenia dentata, Gomphrena filaginoides, Opuntia guatemalensis y Wissadula periplocifolia. Los árboles y los arbustos tienden a ser pocos; Crescentia alata (jícaro) es la especie diagnóstica pero otras, tales como Acacia collinsii (cornizuelo), Byrsonima crassifolia (nan­cite), Cae­salpinia coriaria (nacascolo) y Pisonia macrantho­carpa (espino negro) están a veces presentes.

Zonzocuitales

Los zonzocuitales son también parte del bosque seco, y corresponden a los suelos arcillosos, pesados, negros, altamente mineralizados y con drenaje pobre. Estos se encuentran mejor desarrollados en los viejos le­chos de las lagunas, como en las Lagunas Te­comapa y Moyuá y en los márgenes de los grandes lagos, pero se encuentran pequeños parches en toda la parte pacífica y central del país. Las áreas más grandes de zonzocuite han sido transformadas en áreas agríco­las, especialmente para el cultivo del arroz. Estos suelos periódicamente se inundan durante la época de lluvias y durante la época seca tienen rajaduras profundas cuando la arcilla se contrae. Esto crea un ambiente hostil para las plantas leñosas y la diver­sidad es baja, su tamaño tiende a ser relativamente pequeño y muchas especies están más o menos restringidas a este tipo de vegetación. Ejemplos conspicuos de plantas leñosas son Acacia farnesiana (aromo), Amphipterygium adstringens, Guaiacum sanctum (guayacán), Ipomoea carnea ssp. fistulosa, Parkinsonia aculeata (espino blanco) y Phyllostylon rhamnoides (escobillo). Las plantas herbáceas, especialmente las anuales de vida corta, son más diversas y más bien tienen aspecto de malezas. Sin embargo, éstas también están más o menos restringidas a este hábitat. Algunas de estas especies tienen una distribución peculiar debido a este tipo de suelo en el que crecen, el cual es abun­dante en el Istmo de Tehuantepec en México, el Valle de Motagua en Guatemala, partes de la vertiente del Pacífico de Panamá y la costa caribeña de Colombia. También, algunas especies están sólo ligeramente diferenciadas evolutivamente de sus congéneres más cercanos que crecen en suelos menos severos. Algu­nos ejemplos son Acalypha aliena, Asclepias woodsonia­na, Cuphea elliptica, Malachra alceifolia y Spigelia polystachya.

Pantanos y bosques de galería

Los bosques de galería se encuentran a lo largo de los cauces de agua y son bastante distintos de la vegetación que los rodea, especialmente en las áreas de sabanas y de bosques caducifolios. Los bosques están sujetos a inundaciones frecuentes durante la época de lluvias y los suelos están saturados todo el año. Los árboles varían considerablemente a lo largo del país, pero muchas especies de Ficus (chilamate) y de Inga (guava) están específicamente adaptadas a este hábitat. En el lado del Pacífico, Anacardium excelsum (ahuehue), Hymenaea courbaril (guapinol) y Luehea seemannii (guácimo macho) son conspi­cuos. En el lado del Atlántico, Heliocarpus appen­diculatus (majagua) y Ochroma pyramidale (balsa) son árboles comunes y bejucos del género Mucuna (ojo de buey) casi siempre están presentes.

Los bosques pantanosos están frecuentemente asociados a las tierras bajas costeras y los alrededores de los grandes lagos. El bosque está frecuentemente inundado y el suelo siempre saturado. Alrededor de los gran­des lagos Bactris guineensis (güiscoyol), Cou­roupita nicaraguarensis (zapote de mico), Pachira aquatica (poponjoche), Pseudobombax septenatum y Sterculia apetala (panamá) son árboles conspicuos. En el lado del Atlántico los pantanos son mucho más variables, pero a veces están casi domi­nados por una sola especie. Bravaisia integerrima (mangle blanco), Erythrina fusca (elequeme), Manicaria saccifera, Raphia taedigera (jolillo) y Symphonia globulifera (leche maría), por ejemplo, se pueden encontrar como rodales puros y extensos. Otros pantanos están dominados por plantas herbáceas, en particular Cyperaceae y Poaceae.

Manglares

En toda América tropical y en ambas costas de Nicaragua los manglares son generalmente similares, tanto en estructura como en la composición de espe­cies. Los límites de los manglares están definidos por el sumergimiento periódico en agua salada debido a las mareas. Los árboles que se encuentran en los manglares están muy adaptados y restringidos a este ambiente. Estos bosques han sido estudiados exten­samente y son comunidades económicamente impor­tantes. La diversidad es baja y las especies más comunes de árboles son Rhizophora mangle (mangle colorado), Laguncularia racemosa (mangle blanco), Conocarpus erectus (botoncillo) y Avicennia nitida (mangle negro).

Playas

Las playas, tanto marinas como de los grandes lagos, tienen la vegetación típica de las playas de la América tropical. Las perturbaciones continuas y los efectos de la salinidad son factores importantes y muchas especies se encuentran sólo en este hábitat. Entre las herbáceas comunes que forman tapetes en las playas arenosas se encuentran Canavalia rosea, Sesuvium portu­lacastrum e Ipomoea pes-caprae. Plantas comu­nes de trasplaya incluyen a Bromelia pinguin (piñuela), Prosopis juliflora (espino negro) y Opuntia guatemalensis. Entre los árboles más grandes se encuen­tran Tamarindus indica (tama­rindo), Hippo­mane mancinella (manzano de playa) y Sterculia apetala (panamá).

 

 
 

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Imagen de fondo: Bonamia douglasii D.F. Austin, Tipo: Stevens 23522, Chontales. Endémica de Nicaragua.

 
 
 
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